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"FLUIDOS DIVINOS: EL VINO Y OTRAS BEBIDAS EN LA MITOLOG√ćA DEL EGIPTO FARA√ďNICO"

José M. Serrano (Universidad de Sevilla)

INTRODUCCI√ďN

Dentro de la gesti√≥n de los recursos alimenticios, y de la dieta en general, de los pueblos y civilizaciones de la Antig√ľedad las bebidas alcoh√≥licas han desempe√Īado un notable papel, concentrando no pocos recursos, con un peso econ√≥mico considerable y, finalmente, con un protagonismo en la vida cotidiana atestiguado de forma abundante en la documentaci√≥n que nos ha quedado, en especial en los restos arqueol√≥gicos, el arte, la religi√≥n y la literatura. Entre estas bebidas destacan sobre todo el vino y la cerveza, y esto es algo especialmente evidente en el Egipto Fara√≥nico.

Vamos a hacer un recorrido por el papel de ambos productos en la sociedad y la mentalidad del Egipto Antiguo, poniendo especial √©nfasis en la valoraci√≥n que reciben, su consumo, y su inclusi√≥n y protagonismo en las pr√°cticas religiosas, en rituales y cultos, y en determinados ciclos mitol√≥gicos que involucran a algunos de los dioses principales y m√°s populares del pante√≥n fara√≥nico. Habr√° que estar atentos a la importante funci√≥n m√≠tica y simb√≥lica tanto del vino como de la cerveza, al rol principal que, como ofrenda divina, ostentan en los textos sagrados y las representaciones art√≠sticas de templos y tumbas. Finalmente, nos vamos a detener a estudiar con cierto detalle y profundidad una leyenda mitol√≥gica ‚Äď“La Destrucci√≥n de la Humanidad” o el “Libro de la Vaca del Cielo”-, protagonizada por la diosa Hathor. En este atractivo relato m√≠tico nuestras bebidas desempe√Īan un papel esencial, explicando as√≠ la presencia de la cerveza, y tambi√©n el vino, en algunos de los festivales religiosos dedicados a esa diosa, que cuentan entre los m√°s c√©lebres y multitudinarios de esta civilizaci√≥n.

I.-EL VINO EN EL EGIPTO FARA√ďNICO

Es sin ning√ļn g√©nero de dudas la bebida m√°s valorada, cara y, por consiguiente, la que se vincula m√°s directamente con una posici√≥n social de prestigio, por la pertenencia a una √©lite, y a disponer de unos recursos econ√≥micos sobresalientes.

Desde los comienzos el arte Egipcio, en especial el arte funerario, tiene especial proclividad a representar parras, vi√Īas, racimos de uvas y sobre todo el proceso de elaboraci√≥n del vino: el fruto recogido se acumulaba en una cuba, donde varios hombres se afanaban en pisarla; el resto que quedaba era metido en unos sacos especiales a los que se aplicaba una enorme presi√≥n por medio de la torsi√≥n de los extremos, para extraer hasta la √ļltima gota del preciado mosto. Normalmente, el vino que se elabora es rojo (tinto), el color con que se asocia normalmente a los racimos de uvas, algo que como veremos tiene sus connotaciones religiosas. Tambi√©n hay vino blanco, pero en mucha menor cantidad.

Hay que se√Īalar que la tierra de Egipto, tan rica y fecunda para otro tipo de especies y de cultivos, nunca fue especialmente apropiada para la viticultura, al menos a gran escala. Ello se explica en buena medida por las propias caracter√≠sticas del suelo, pero sobre todo por el r√©gimen especial de renovaci√≥n anual de la tierra derivado de la crecida e inundaci√≥n del Nilo. Ello oblig√≥ a los egipcios desde los comienzos de su historia a buscar el vino m√°s all√° de sus fronteras, lo que acrecent√≥ su car√°cter de producto de lujo y animador del comercio de importaci√≥n/exportaci√≥n a media y larga distancia. Aunque se tra√≠a vino del sur, de Nubia y Etiop√≠a, eran sobre todo muy apreciados, como en todo el Pr√≥ximo Oriente, los caldos de Siria y Palestina, un entorno de condiciones √≥ptimas para el cultivo de la vi√Īa y la elaboraci√≥n de vinos. Habr√° que esperar a los √ļltimos tiempos del Egipto Antiguo, cuando el pa√≠s se integra en la √≥rbita pol√≠tica y sociocultural de los griegos, tras la conquista de Alejandro y la instalaci√≥n de la dinast√≠a de los Ptolomeos, para que la viticultura experimente un notable empuje en el valle del Nilo, adapt√°ndose as√≠ a los usos alimenticios y diet√©ticos de las sociedades helen√≠sticas. Ciudades grecoegipcias como Alejandr√≠a, Bubastis, Canopo, Naucratis o la propia Menfis se convierten en grandes centros de demanda y consumo del vino, lo que hace que se multipliquen los vi√Īedos y parras, sobre todo en el entorno del Delta del Nilo.

Como ya qued√≥ dicho, el vino fue siempre, en el Egipto Fara√≥nico, un producto selecto reservado solo a las √©lites, al menos en lo que a su consumo cotidiano se refiere. Consumir vino era se√Īal de status social superior. Solo hab√≠a bodegas en las mansiones m√°s ricas, en las residencias de los m√°s influyentes y poderosos ministros y cortesanos. En especial, el vino estaba presente en el entorno de la familia real, en palacio, en la corte. Sin duda aqu√≠ se concentraba el consumo principal de todo tipo de bebidas alcoh√≥licas. A lo sumo pod√≠amos a√Īadir un sector intermedio de escribas y funcionarios, el nervio del funcionamiento del estado y de la administraci√≥n egipcia, y los soldados, que se beneficiaban as√≠ de las recompensas de campa√Īas exitosas y del reparto del bot√≠n. El resto, la inmensa mayor√≠a de la poblaci√≥n, eminentemente rural y campesina, apenas pod√≠a so√Īar con el acceso puntual a este producto. Tan s√≥lo con ocasi√≥n de determinadas festividades religiosas, como la Bella Fiesta del Valle -algo as√≠ como la conmemoraci√≥n anual de los difuntos- la jornada de festejar en la necr√≥polis uniendo la alegr√≠a de los vivos al recuerdo de los muertos, el vino corr√≠a en abundancia y se consum√≠a de forma generosa. Pero en estos casos, y en otros similares, como vamos a ver m√°s adelante, la cerveza prevalec√≠a con toda claridad.

Si enfocamos nuestra atenci√≥n al campo de le religi√≥n, el vino es uno de los grandes protagonistas de los cultos, la liturgia y los rituales. No olvidemos que la praxis religiosa en el Antiguo Egipto no gira en torno a un movimiento asambleario que manifiesta y comparte unas creencias (es decir, una iglesia), ni tampoco se apoya en un pensamiento doctrinal elaborado que ha de ser asumido por todos, es decir una fe; la religi√≥n egipcia, como la mayor√≠a de las religiones del Oriente Antiguo, es una religi√≥n eminentemente ritualista, dominada por la ofrenda, el sacrificio, lo ha de darse al dios, no solo para su satisfacci√≥n y su mantenimiento, sino para que, satisfecho, mantenga sus responsabilidades y obligaciones en la preservaci√≥n del orden universal, la salvaguarda y prosperidad -en este caso- del pueblo y del estado egipcio. El vino es uno de componentes que indefectiblemente forma parte de las c√©lebres listas de ofrendas (tambi√©n llamado el “men√ļ”), uno de los tipos de texto m√°s habituales en templos y tumbas. La acci√≥n de presentar a la divinidad (o al difunto) la ofrenda del vino es uno de los temas favoritos de la iconograf√≠a lit√ļrgica y ritual. En estos casos, el l√≠quido se contiene en unos peque√Īos vasos de forma redondeada o globulosa (los llamados vasos-nu) que eran destinados exclusivamente a este uso.

Por otra parte, desde una perspectiva eminentemente social, el consumo de vino es algo socialmente bien aceptado; su ingesta -se entiende que de manera moderada- es buscada como un sano y placentero disfrute. Cuando se quiere resaltar la excelencia de una tierra o un pa√≠s no es raro echar mano de expresiones como: “el vino es m√°s abundante all√≠ que el agua”; enfatizar que uno consume vino en cada comida es una manera de hacer p√ļblico un destino afortunado. En los banquetes, especialmente en los banquetes funerarios, que constituyen uno de los elementos fundamentales del repertorio iconogr√°fico de las tumbas egipcias, vemos como el vino corre en abundancia, se escancia generosamente, y es en definitiva un protagonista claro, provocando en ocasiones incluso escenas de tinte ir√≥nico o humor√≠stico. En este contexto se sit√ļan los llamados “Cantos del Arpista”, una de las mejores expresiones de la mal conocida l√≠rica egipcia; en estos textos, que completan la escena del ta√Īedor de arpa, se incita al goce, a vivir el momento (la expresi√≥n egipcia es “pasar un d√≠a feliz”), con un tono que inevitablemente recuerda el entorno conceptual de nuestro cl√°sico carpe diem.

Sin embargo el refinamiento cultural egipcio no pod√≠a tolerar los excesos de la ebriedad, que son expresamente criticados. Hay un g√©nero literario, las “Ense√Īanzas”, mal llamadas “Sabidur√≠as” o literatura sapiencial, ya que en ellos predominan las recomendaciones pr√°cticas, de urbanidad o de buen comportamiento social, m√°s que un c√≥digo √©tico profundo o una filosof√≠a de vida; en ellas se cr√≠tica al que se junta con bebedores, al que frecuenta de manera inmoderada las tabernas y establecimientos relacionados, que merece o se gana un funesto destino. Incluso la cr√≠tica llega a la figura del monarca: un fara√≥n de √©poca Tard√≠a, Amasis, era conocido y denostado por su afici√≥n incontinente al vino, algo que los cuentos y leyendas en torno a este personaje se encargaron de inmortalizar.

Pero pasemos, para terminar esta secci√≥n, a niveles m√°s sagrados, porque el vino puede ser entendido como algo mucho elevado: es un fluido divino, emanaci√≥n del cuerpo del dios.¬† Hay varias deidades que la religi√≥n y la mitolog√≠a egipcia asocian con el vino, como Thot, el escriba divino, o Seth, violento y encarnaci√≥n de los excesos. Y por supuesto Hathor, a la que trataremos in extenso en las √ļltimas p√°ginas de nuestra aportaci√≥n. Pero quiz√°s la m√°s popular sea Osiris. Dios de la muerte, y de la resurrecci√≥n, es el que reina sobre los difuntos y garantiza (o no) un m√°s all√° bienaventurado. En realidad, Osiris est√° fundamentalmente relacionado con todos los procesos fertilidad, algo vital en una sociedad eminentemente campesina y dependiente de la agricultura como la egipcia. Es un dios del cereal, cuyas espigas crecen y se desarrollan sobre su cuerpo (como veremos m√°s adelante). De ah√≠ su asociaci√≥n con la crecida anual del Nilo, con la inundaci√≥n que, a√Īo tras a√Īo, renueva la tierra egipcia con la deposici√≥n de un limo oscuro, lo que explica por qu√© al dios se le representa de manera preferente con la piel negra. Es este sentido, es interesante recordar que en una de las etapas m√°s espectaculares de la crecida, cuando el r√≠o se sale de madre y alcanza su m√°ximo caudal, el agua que cubre la tierra egipcia tiene un color ocre vivo, o rojizo, debido a las arcillas, limos y arrastres que provienen en buena medida de la erosi√≥n de los macizos volc√°nicos eti√≥picos. Es el “Nilo Rojo”, un don de Osiris, que los egipcios crom√°ticamente asocian al vino, y que puede estar en el origen del episodio b√≠blico, del √Čxodo, en el que Mois√©s convierte en sangre roja el agua del r√≠o‚Ķ Sea como fuere, Osiris es exaltado como “Se√Īor del Vino a trav√©s de la Inundaci√≥n”, el vino ser√° asimilado a la sangre del dios, y el racimo de uvas figurar√° tambi√©n entre los amuletos funerarios (por esto, y por tener una forma que recordaba vagamente el coraz√≥n, elemento fundamental en la ontolog√≠a funeraria egipcia).

Todo esto que acabamos de exponer justifica sobradamente el que los griegos, que trataron de establecer las identidades y equivalencias entre los dioses de su propio pante√≥n y los egipcios, asimilaran a Osiris con Dionisos. √Čste, adem√°s de tener que ver con el vino, es promotor de la fecundidad de los campos, y, junto con D√©meter y Kor√©, el patrono de la agricultura cerealera, fundamento de la alimentaci√≥n de la humanidad.¬†¬† Y curiosamente tambi√©n en torno a Dionisos se genera en el mundo Grecorromano una religi√≥n de vocaci√≥n salv√≠fica que abre puertas de esperanzas de cara a una pervivencia eterna y feliz y en definitiva a la posibilidad de resurrecci√≥n.

II.- LA CERVEZA EN EL ANTIGUO EGIPTO

Sin duda es la gran bebida, al menos en cantidad e √≠ndice de producci√≥n y consumo, del Egipto Fara√≥nico, degustada por todos los estratos sociales, desde la realeza Fara√≥nica y el entorno cortesano, hasta los m√°s modestos y humildes campesinos. La raz√≥n fundamental, como ya hemos apuntado, radica en la propia naturaleza del pa√≠s egipcio y en las din√°micas de relaci√≥n del hombre con el medio: Egipto fue el granero del Mundo Antiguo, una tierra de promisi√≥n para el cultivo por excelencia, el cereal, la base de la alimentaci√≥n y mantenimiento de la sociedad y del estado. La proverbial fertilidad renovada de la tierra tras la crecida del Nilo permit√≠a, en los buenos a√Īos, recoger hasta tres cosechas de √≥ptima calidad. Y hay que tener en cuenta que el cereal fara√≥nico por excelencia, al que se dedicaba la mayor parte de la tierra cultivable del valle del Nilo, era la cebada. Otros, como el trigo, no eran tan rentables, ya que las variedades con las que contaba el campesino egipcio proporcionaban un grano con una elevada proporci√≥n de almid√≥n (trigo almidonero), que dificultaba su uso para la alimentaci√≥n humana, reserv√°ndose en todo caso como pienso para el ganado.

De la cebada extra√≠an los egipcios casi todo lo que necesitaban para subsistir; el grano molido proporcionaba una harina panificable excelente; panes, tortas, pasteles y derivados supon√≠an la base diet√©tica general. Y por supuesto se elaboraba cerveza. El proceso de fabricaci√≥n se realizaba a partir de la malta, el cereal germinado, para lo que se empleaban grandes tinajas de barro. Despu√©s llegaba el momento de a√Īadir la levadura y aditivos diversos, como los d√°tiles, que no s√≥lo aromatizaban el producto final sino que a√Īadir√≠an un componente adicional de az√ļcar para la fermentaci√≥n final; la cerveza quedaba entonces lista para su consumo. Por supuesto, hab√≠a una notable variedad de cervezas, designadas por medio de calificativos que son bien elocuentes: “cerveza fuerte”, “cerveza dulce”, “cerveza triple(¬Ņ)”, “cerveza espesa”, “cerveza blanca”, “cerveza roja”, etc. A veces la cerveza se distingue por su lugar de procedencia (“cerveza de Siria”) o por alguna caracter√≠stica que, por su denominaci√≥n, se nos escapa (“cerveza de la amistad”). En cualquier caso hay algunas precisiones que no est√° de m√°s hacer: la cerveza egipcia deb√≠a tener muy poco que ver con la bebida a la que estamos acostumbrados en nuestro mundo contempor√°neo. Con un bajo contenido en carb√≥nico, y solo parcialmente filtrada, no era extra√Īo que como en Mesopotamia se consumiese aspirando por un tubo o pajita. Adem√°s, solo se pod√≠a enfriar de manera muy relativa, en vasijas porosas, o en las bodegas o fresqueras de las casas. Por supuesto que las cervezas de calidad, m√°s finas, o de importaci√≥n solo estaban al alcance como el vino de la elite m√°s selecta de la sociedad. El grueso de la poblaci√≥n, el campesinado, se deb√≠a de conformar con una espesa papilla, muy poco fermentada, que era m√°s un complemento alimenticio (una especia de sopa de cebada) que una bebida propiamente dicha destinada al solaz y acompa√Īamiento de los platos.

Al igual que sucede con el vino, la cerveza es un producto esencial en los rituales y la liturgia, siendo uno de los productos estelares que nunca podía faltar en la ofrenda divina. Suele identificarse con un tipo de contenedor de cerámica panzudo, de borde plano y saliente, y base estable; la abundancia de estas vasijas en cualquier excavación arqueológica que se lleve a cabo en Egipto en un contexto sagrado, ya sea en templos o en una necrópolis, es evidencia suficiente e inapelable de su amplia difusión.

Y por supuesto, m√°s aun que el vino, la cerveza es entendida desde una perspectiva m√°gica y mitol√≥gica como un fluido divino, emanaci√≥n l√≠quida del cuerpo del dios. Espec√≠ficamente, la cerveza rezuma del cuerpo muerto del dios Osiris, con quien tiene una √≠ntima vinculaci√≥n. Ya hemos apuntado a su condici√≥n de “dios que muere y que resucita” (encarnaci√≥n del “eterno retorno” del ciclo natural), vinculado a la crecida del Nilo, o, mejor, a la fertilidad de la capa de limo negruzco, h√ļmedo y f√©rtil, que presenta la tierra egipcia tras la retirada de las aguas. Sobre esa tierra negra germina y crece el cereal, la cebada, la base de la cerveza. De ah√≠ que sobre el cuerpo yacente de Osiris muerto broten las espigas, tal y como vemos en las representaciones art√≠sticas y en la curiosa pr√°ctica de ofertar como exvotos al dios unos contenedores momiformes que el fiel rellena de tierra, siembra y riega amorosamente, para contemplar c√≥mo se reproduce ah√≠ el milagro de la simiente que se transforma en espiga. M√°s a√ļn, apoy√°ndose en determinados episodios de la leyenda o mito de la pasi√≥n, muerte y resurrecci√≥n de Osiris, que presenta al dios muerto, su cuerpo da√Īado flotando y descomponi√©ndose en las aguas de la crecida, los egipcios entienden que los fluidos que de √©l emanan, cargados de fecundidad y energ√≠a vital, van a mezclarse con las aguas de la crecida y son en realidad la esencia de le cerveza.

Esta vinculación con lo divino, que en definitiva parece conferirle una potencia latente de tipo mágico-religioso, ayuda a comprender el empleo recurrente de la cerveza en las recetas curativas y en las pócimas que se contienen en los papiros médicos. En las prácticas curativas, los sacerdotes, escribas y médicos egipcios echan mano de una variada gama de sustancias o componentes que sirven para la elaboración de remedios. Entre estos encontramos el vino, la leche, el aceite y por supuesto la cerveza, que se convertía en la base de muchas pócimas que debían administrarse al tiempo que se formulaban los pertinentes conjuros, invocaciones y fórmulas mágicas, sin el concurso de las cuales la sanación, entendida como una intervención de potencias divinas, no sería posible.

Vamos a finalizar con la referencia a algunas obras de literatura narrativa egipcia, un g√©nero cuya creaci√≥n y desarrollo constituye uno de los m√©ritos fundamentales de la cultura Fara√≥nica, muy valorado por los historiadores como una ventana privilegiada para conocer la vida cotidiana, las formas de vida, la sociolog√≠a y la mentalidad en el antiguo Egipto. Porque en varias de estas obras maestras, integradas en su trama argumental, en la que lo m√°gico y maravilloso ocupa un destacado lugar, aparece referida en muchas ocasiones la cerveza. As√≠, en el m√°s c√©lebre de los relatos contenidos en el llamado Papiro Westcar, un delicioso texto que constituye una versi√≥n de Las Mil y Una Noches avant la lettre, el cuento que contextualiza el nacimiento maravilloso de los tres primeros faraones de la Dinast√≠a V¬™, el protagonismo lo asume un personaje singular, el “mago” Djedi, que conoce los misterios, que sabe devolver a su estado original un cuerpo decapitado, y que es capaz incluso de predecir el futuro‚Ķ Djedi es presentado con alguien fuera de lo com√ļn, sobrenatural ya de entrada por su longevidad, 110 a√Īos, y por mantenerse en forma ingiriendo diariamente grandes cantidades de pan y de carne, incluidas 100 jarras de cerveza (¬°!).Merece la pena decir que la forma en que se citan estos alimentos recuerda mucho los productos (y cantidades) que aparecen en las listas de ofrendas que se deben a los dioses y los difuntos. En el precioso relato neoegipcio llamado “El Pr√≠ncipe Predestinado” o “Los Destinos del Pr√≠ncipe”, la esposa del protagonista, personaje heroico que es hijo del fara√≥n, salva a su amado de la maldici√≥n de la serpiente del destino emborrachando al reptil con vino y cerveza (y mat√°ndola acto seguido). En fin, en “El Cuento de los Dos Hermanos”, el tr√°gico destino del hermano peque√Īo, Bata, se le revela al mayor a trav√©s de un bol de cerveza que, como funesta se√Īal divina, se le agria y descompone ante sus ojos cuando est√° a punto de tomarla. La cerveza como mensajera, la cerveza como salvaci√≥n, la cerveza como depositaria de potencia y energ√≠as por encima de los natural‚Ķ.

III.- EL “MITO DE LA VACA DEL CIELO”. O DE COMO LA HUMANIDAD SE SALVA CON EL CONCURSO DE LA CERVEZA

El texto hoy conocido como “Mito de la Vaca del Cielo” es una original composici√≥n religiosa cuya primera versi√≥n se conserva en el cofre de los vasos canopos de la tumba de Tutankhamon, con copias posteriores en tumbas reales de las dinast√≠as XIX¬™ y XX¬™ (Sety I, Rams√©s II, Rams√©s III y Rams√©s VI). Es muy probable que sus or√≠genes fueran m√°s antiguos, y que su presencia en la tumba m√°s famosa de Egipto tenga que ver con el agitado momento hist√≥rico y religioso que supone la liquidaci√≥n de la reforma de Akhenat√≥n, el fin del Atonismo, el regreso a la ortodoxia religiosa y, en definitiva, la evoluci√≥n de la religi√≥n oficial fara√≥nica en el tr√°nsito de las dinast√≠as XVIII¬™ a la XIX¬™, que incluye un protagonismo de lo solar, y espec√≠ficamente del dios Ra, que sin duda queda reflejado en este interesante texto.

El t√≥pico central del mito es el final de una edad dorada en la que hombres y dioses compart√≠an un mundo original feliz, en el que no exist√≠an el mal y la muerte, y la ulterior y necesaria reordenaci√≥n del universo. Como vamos a ver, tiene importantes similitudes con el Diluvio Mesopot√°mico (y del Antiguo Testamento), y con otras leyendas de tem√°tica similar frecuentes en la mitolog√≠a universal. El texto comienza dando cuenta de la vejez y decrepitud de Ra, el rey del universo y padre de toda la creaci√≥n, de dioses y hombres. Parece que la humanidad est√° conspirando contra √©l, y en todo caso ha abandonado el respeto y la obediencia que merece. Ante esta situaci√≥n, Ra convoca a los principales dioses primordiales (encabezados por Nun, las aguas del caos primigenio), y decide destruir al ingrato g√©nero humano. Para ello no recurrir√° a un diluvio, sino que env√≠a a su Ojo, el “Ojo de Ra”. Se trata de su hija, la diosa Hathor, que para esta misi√≥n se transfigura adecuadamente en una divinidad de aspecto leonino, feroz, destructora, y √°vida de sangre. Este aspecto de Hathor, que recibe la advocaci√≥n de Sekhmet, era objeto de especial veneraci√≥n por parte de los egipcios; se relacionaba con las epidemias y enfermedades que all√≠, como en todas las sociedades primitivas, diezmaban peri√≥dicamente a la poblaci√≥n. Esta parte del mito es especialmente expresiva; Hathor-Sekhmet va recorriendo la tierra (es decir Egipto), dejando tras de s√≠ un reguero de muerte y destrucci√≥n; los dioses, incluido Ra, aterrorizados por la masacre, y tal vez conscientes de pronto de la necesidad que el orden universal tiene de los hombres, deciden revocar el mandato. Pero no es f√°cil parar a la diosa, que, presa de un furor sanguinario, ni escucha ni atiende a √≥rdenes o razones. Entonces Ra imagina un ardid para anularla. Y aqu√≠ es donde entra en juego la cerveza. Manda elaborar ingentes cantidades de la bebida, te√Īida de un color rojizo (quiz√°s con hematita) para que tenga la apariencia de la sangre, y ordena que un gran lago lleno con tal bebida se interponga en el camino de Sekhmet. La diosa, al verlo, se lanza a beber sin freno ni medida‚Ķ El resultado es el previsible: ebria, se echa a descansar y queda dormida. En el sue√Īo su ira y furor se aplacan y cuando despierta es de nuevo Hathor, una diosa atractiva, bella y filantr√≥pica. La resaca le ha sentado bien. Y la humanidad se ha salvado, gracias al concurso de la cerveza. A partir de ah√≠, Ra reordena el Universo, se retira con los dioses a la esfera celestial, a lomos de la “Vaca del Cielo”; establece la tierra para los hombres, regidos por su hijo el fara√≥n, sometidos ahora a la muerte, y crea el mundo subterr√°neo, gobernado por Osiris, para recibir a los difuntos. Y aparece as√≠ el orden universal y el cosmos tal y como los conoc√≠an y lo ve√≠an los egipcios. De ah√≠ que en las celebraciones a Hathor el concurso y consumo de la cerveza sea amplio y generoso, conmemorando como una humanidad¬† condenada fue exonerada de la destrucci√≥n, y pervivi√≥. Gracias a esa bebida, a ese fluido divino. Gracias a la cerveza.

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