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"CUATRO MIRADAS SOBRE CRETA EN LA ANTIG√úEDAD‚ÄĚ
Elena Torregaray Pagola - UPV/EHU

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1. Creta y la mitología

El imaginario m√°s conocido en torno a la isla de Creta en la Antig√ľedad est√° fuertemente ligado a algunos de los principales mitos de la religi√≥n griega recogidos desde el per√≠odo arcaico. Por eso, se trata de una isla especialmente simb√≥lica desde el punto de vista de la mitolog√≠a cl√°sica (Virgilio, Eneida 3.104-106). No debemos olvidar que estamos hablando del lugar donde nace Zeus, nada menos que el padre de los dioses, en una cueva del monte Ida en la que se ha refugiado su madre Rea para protegerlo de la ira de su padre, Cronos. Es tambi√©n la isla en la que el dios vive su etapa de formaci√≥n rodeado de personajes mitol√≥gicos tan conocidos como las ninfas y los curetes. La difusi√≥n de estas leyendas contribuir√° a dotar a la isla de un cierto car√°cter de lugar inici√°tico, ya que entre sus monta√Īas ten√≠an su origen algunos de los mitos m√°s conocidos de la cultura griega. Por todo ello, Creta se convirti√≥ en un lugar altamente simb√≥lico en el espacio heleno desde √©poca temprana, ostentando una posici√≥n privilegiada en el mundo representativo del Mediterr√°neo oriental, posici√≥n que fue cediendo progresivamente seg√ļn se consumaron distintas fases hist√≥ricas en las que otras islas, fundamentalmente Sicilia, fueron sustituy√©ndola como lugar privilegiado para el emplazamiento de mitos y leyendas.

La isla es tambi√©n el escenario de los amores de Zeus, metamorfoseado en toro, con Europa, que tendr√°n como consecuencia el nacimiento de Minos, el legendario rey de Creta, y que dar√° origen al otro gran mito ligado a la isla como es el del Minotauro (Apolodoro, Biblioteca 3.1.3-4), el monstruo engendrado por la esposa de Minos, Pasifae, a partir del magn√≠fico toro enviado por Poseid√≥n como regalo a petici√≥n del rey, cuya impiedad ser√° la causa del enfado de los dioses que desencadenar√° la tragedia. El Minotauro es, sin duda, el mito m√°s identificativo de Creta, debido, sobre todo, al lugar que Minos orden√≥ crear para encerrar a la maravillosa y peligrosa criatura, el famoso Laberinto que estar√≠a en Cnosos, y que, seg√ļn los narraciones cl√°sicas, deb√≠a situarse en el palacio construido por D√©dalo, el famoso arquitecto. El laberinto, por su propia naturaleza, fue ideado para guardar al Minotauro y ser inexpugnable, pero, al mismo tiempo, de forma simb√≥lica, deb√≠a representar el poder y la hegemon√≠a de la isla en el Mediterr√°neo, determinados tanto por su posici√≥n geoestrat√©gica, como por su importancia pol√≠tica y econ√≥mica durante el per√≠odo precl√°sico. La incursi√≥n de Teseo, representante de Atenas, derrotando al Minotauro y destrozando la inexpugnabilidad del laberinto vendr√≠a a acreditar la superioridad del poder ateniense que habr√≠a acabado as√≠, en alguna √©poca hist√≥rica, con el control minoico al que hubo de someterse la ciudad del √Ātica. Esta doble dimensi√≥n del relato, m√≠tica e hist√≥rica al mismo tiempo, es la que confer√≠a a la leyenda su particular inter√©s y convert√≠a a la isla de Creta en un lugar que reun√≠a algunas de las particularidades m√°s destacadas de la identidad cultural griega, como es su capacidad de entreverar mito e historia para explicar y poner en valor su pasado.

Adem√°s, la tragedia que hab√≠a dado origen a la necesidad de construcci√≥n del laberinto, alcanz√≥ a su arquitecto, D√©dalo y a su hijo √ćcaro, quienes encerrados en la estructura por Minos como castigo a lo que el rey interpretaba como un fracaso, protagonizaron una ingeniosa huida de la isla, mediante un vuelo con unas alas fabricadas por D√©dalo y ensambladas con cera que provocaron la muerte de √ćcaro, al acercarse este demasiado al sol y derretirse la cera que manten√≠a pegadas las alas. El hermos√≠simo simbolismo del mito de √ćcaro ha acompa√Īado tambi√©n este imaginario cretense, en el que se unen leyenda y tragedia de forma po√©tica.

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2. Creta y la arqueología

Gran parte del impulso de la arqueolog√≠a cl√°sica del siglo XIX estuvo dedicado a tratar de certificar, a trav√©s de grandes descubrimientos arqueol√≥gicos, la veracidad de hechos, lugares y personajes que se conoc√≠an a trav√©s de la historiograf√≠a y la literatura greco-latinas. De la misma manera que la Biblia puede considerarse tambi√©n como una fuente de inspiraci√≥n para numerosas empresas arqueol√≥gicas de siglos pasados que se empe√Īaban en buscar pruebas de que los sucesos relatados a lo largo de los textos que conforman este libro sagrado se correspond√≠an con una realidad hist√≥rica, otras campa√Īas trataron igualmente de conferir cierta historicidad a los relatos m√°s conocidos de la mitolog√≠a cl√°sica. El caso m√°s conocido es seguramente el del arque√≥logo alem√°n H. Schliemann y su b√ļsqueda de las m√≠ticas ciudades de Troya y Micenas, en las que quiso reconciliar los sucesos conocidos a partir de las narraciones hom√©ricas, la Il√≠ada principalmente, con la arqueolog√≠a.

Creta, ligada desde la Antig√ľedad al mito del Minotauro y el laberinto no escap√≥ a ese impulso de ratificaci√≥n de la historia a trav√©s del mito. En el caso de la isla mediterr√°nea, fue Arthur Evans quien, a partir de 1900 se encarg√≥ del trabajo arqueol√≥gico y result√≥ casi inevitable que el evento se centrara en la figura de Minos, la m√°s representativa de la historia cretense, as√≠ como en la b√ļsqueda del c√©lebre laberinto. Por eso, las excavaciones de la isla de Creta y el descubrimiento del palacio de Cnosos remitieron inmediatamente al palacio del antiguo rey, cuya existencia se conoc√≠a gracias a los textos literarios e historiogr√°ficos, relacionados a su vez con el mito del Minotauro. De hecho, la reconstrucci√≥n realizada sobre el palacio se bas√≥, en gran medida, en dicha experiencia, por lo que, en cierta manera, las excavaciones de Arthur Evans, dieron lugar a lo que podr√≠amos denominar como ‚Äúun gran parte tem√°tico‚ÄĚ sobre la civilizaci√≥n minoica, cuya existencia dura hasta la actualidad. Pero, en realidad, fue el arque√≥logo ingl√©s, quien contribuy√≥ mayormente a forjar la imagen de un Minos hist√≥rico, se√Īor del Egeo y conquistador de Grecia, todo lo cual fue desmentido posteriormente por los descubrimientos arqueol√≥gicos realizados en la propia isla a partir de los a√Īos 20, que tomaron como base hist√≥rica no tanto la leyenda del Minotauro como las c√©lebres palabras de Tuc√≠dides en su obra hist√≥rica en las que hablaba de una ‚Äútalasocracia‚ÄĚ cretense (Historia de la guerra del Peloponeso 1.4).

Esta hip√≥tesis, la de la posible existencia de una talasocracia cretense, unida a los datos que la arqueolog√≠a ha ido proporcionando a lo largo del siglo XX, en el que han quedado al descubierto diversas estructuras palaciales en diferentes puntos de la isla, con una organizaci√≥n similar al palacio excavado por A. Evans, han llevado a la conclusi√≥n, a gran parte de los historiadores modernos, de que el poder mar√≠timo de Creta del que hablaba Tuc√≠dides en el siglo V a.C. deb√≠a sustentarse en esta red de palacios y que es este sistema el que se corresponder√≠a hist√≥ricamente con lo apuntado sobre la hegemon√≠a cretense en el Mediterr√°neo en una √©poca precl√°sica, que a su vez, estar√≠a relacionado con el per√≠odo minoico. El historiador griego fue, por lo tanto, el creador de un ‚Äúmito‚ÄĚ historiogr√°fico, en el que se afirmaba que los minoicos habr√≠an sido los primeros en tener un imperio mar√≠timo en el Mediterr√°neo asegurando el Egeo contra los piratas y tomando el control de las C√≠cladas (Tuc√≠dides 1.9), fundando establecimientos cuyo poder qued√≥ reflejado en la memoria ateniense a trav√©s de la leyenda del Minotauro, el tributo de catorce j√≥venes que Atenas deb√≠a pagar cada a√Īo. Sin embargo, tambi√©n es cierto que los rasgos cretenses que nos proporciona la obra de Tuc√≠dides son bastante anacr√≥nicos y parecen m√°s propios de una Creta inventada que de una Creta real.

Esta representaci√≥n de la talasocracia cretense se ha beneficiado, adem√°s, de la falta de testimonios arqueol√≥gicos de amurallamientos en torno a las estructuras palaciales encontradas y, sobre todo, de la escasez de noticias sobre invasiones organizadas por parte de los habitantes de Creta, por lo que se ha construido una cierta imagen id√≠lica del mundo minoico, ligado a una talasocracia comercial, no especialmente agresiva, que habr√≠a gobernado pol√≠ticamente la isla durante un tiempo poco convulso desde el punto de vista hist√≥rico, entre los siglos XV-XVII a.C. Se elabora as√≠ una representaci√≥n ideal de la talasocracia cretense, basada en una sociedad minoica pac√≠fica por contraposici√≥n al mundo griego continental, liderado por la ciudad de Micenas, un mundo mucho m√°s agresivo y violento. Esta elaboraci√≥n historiogr√°fica de una Creta id√≠lica se vio reforzada, adem√°s, porque a partir del siglo IV a.C., la filosof√≠a pol√≠tica griega convirti√≥ a la isla en un lugar donde pod√≠an florecer las constituciones pol√≠ticas m√°s exitosas y comenz√≥ a percibirse como el escenario perfecto de la politeia ideal. En cierta manera, se asoci√≥ el perfil de la isla con el mito de la Atl√°ntida, una de las representaciones m√°s conocidas de una sociedad y una constituci√≥n ideales. Y, al igual que hab√≠a sucedido con los mitos cl√°sicos, la b√ļsqueda de la Atl√°ndida real y la pol√©mica sobre su posible existencia y destrucci√≥n alcanzaron tambi√©n a la isla de Creta, que fue sugerida como emplazamiento del irreal continente, hasta tal punto que, en alguna ocasi√≥n, se ha intentado asociar la desaparici√≥n de la civilizaci√≥n minoica con la ca√≠da de la Atl√°ntida, como si esta se tratara de la narraci√≥n legendaria de una realidad hist√≥rica.

Esta teor√≠a tom√≥ fuerza a partir de 1938 cuando el arque√≥logo griego S. Marinatos lanz√≥ la propuesta de que el fin de la civilizaci√≥n cretense fue provocado por la explosiva erupci√≥n del volc√°n de la isla de Thera, hoy en d√≠a Santorini. Esta hip√≥tesis fue apoyada posteriormente, en los a√Īos 60, por el sism√≥logo A. Galanopoulos, quien trat√≥ de poner en relaci√≥n los textos de Plat√≥n con las evidencias geol√≥gicas. Seg√ļn estas, a mediados del siglo XVII a.C. tuvo lugar una erupci√≥n volc√°nica que provoc√≥ la p√©rdida de gran parte de la superficie de la isla, as√≠ como un maremoto en el Mediterr√°neo oriental, que, supuestamente, habr√≠a tenido como consecuencia la desaparici√≥n del emporio minoico. Hay que se√Īalar que los historiadores de la Antig√ľedad han visto siempre con gran recelo estas aproximaciones, sin embargo, se trata de ideas que han alcanzado una gran popularidad debido al eco que han recibido siempre por parte de los medios de comunicaci√≥n de masas, ayudados por la colaboraci√≥n de c√©lebres personajes medi√°ticos como J. Cousteau, quien tambi√©n puso su no menos famoso barco a buscar los restos de la Atl√°ntida en el espacio geogr√°fico ocupado por la civilizaci√≥n minoica.

Pero lo cierto es que lo que sabemos sobre Creta desde el punto de vista arqueológico es que en el siglo XV a.C. aparece una fase arqueológica de destrucción, por terremotos o tsunamis, que coincide en el tiempo con la desaparición de la civilización minoica de la que, quizás, los griegos habrían guardado un recuerdo mítico que les permitía especular con ciertos pasajes de su historia y con sus construcciones políticas idealizadas. Sin embargo, hoy en día se buscan explicaciones más complejas al fin del período minoico basadas en guerras civiles y posibles invasiones externas.

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3. Creta y la filosofía política

Desde el punto de vista del imaginario geogr√°fico antiguo, el hecho de que Creta fuera una isla la convert√≠a en un espacio peculiar en cuanto a la percepci√≥n espacial griega, que, desde √©poca arcaica, opon√≠a insularidad a continentalidad. La isla se convert√≠a as√≠ en un espacio con una carga simb√≥lica propia, que constaba de diversas acepciones, tales como ser el ombligo del mundo, un escudo o incluso una copa, pero, sobre todo representaba una unidad geogr√°fica, rodeada por un mar protector, frente al continente, que funcionaba bajo la amenaza de la presi√≥n constante sobre las fronteras terrestres. La presencia continuada de un enemigo ad portas, provocar√≠a la formaci√≥n de una sociedad m√°s agresiva que la insular, protegida por el mar y m√°s concentrada en s√≠ misma. Esta unidad, que puede ser de corte pol√≠tico, social o religioso, supone, en √ļltima instancia, la posibilidad de una soberan√≠a plena, de la independencia protegida por una posici√≥n geogr√°fica privilegiada representada por un c√≠rculo. En ese sentido, la insularidad favorec√≠a el desarrollo de la libertad frente a la continentalidad, que implicar√≠a el riesgo de la esclavitud por la debilidad de las fronteras. Desde la √©poca arcaica, seg√ļn S. Villatte, los griegos van a asumir esta idea de la isla como esquema circular, de tal manera que a lo largo de su historia, la insularidad, como concepto abstracto representar√≠a la libertad frente a la amenaza del continente. Se tratar√≠a, por lo tanto, de un espacio en el que la frontera mar√≠tima permitir√≠a sostener mejor que en ning√ļn otro lugar los ideales de la polis, de la ciudad. En ese sentido, podemos decir que Creta, ofrecer√≠a una unidad casi perfecta, puesto que es una isla cercada por el mar y centrada por la monta√Īa.

Esta insularidad permiti√≥ tambi√©n que desde el siglo IV a.C., Creta fuera considerada el escenario perfecto para el desarrollo de una politeia, una constituci√≥n ideal. Pese a que despu√©s del per√≠odo minoico, Creta, desde el punto de vista pol√≠tico, vivi√≥ desde la periferia los grandes acontecimientos de la historia griega cl√°sica, la filosof√≠a pol√≠tica representada por Plat√≥n, Arist√≥teles o √Čforo no tuvieron inconveniente en alabar las constituciones de las ciudades cretenses, en raz√≥n del parecido de estas con la de Esparta, convertida en este momento en mod√©lica. Asumida adem√°s la cercan√≠a entre Creta y Esparta por sus comunes antecesores dorios, Plat√≥n examina positivamente el sistema educativo y las comidas colectivas en los reg√≠menes pol√≠ticos de la isla, mientras que Arist√≥teles hace hincapi√© en la insularidad como un elemento que favorece a una Creta que no debe preocuparse de sofocar las revueltas de los periecos, aunque el fil√≥sofo considere superior la constituci√≥n espartana gracias a la intervenci√≥n de Licurgo.

De esta forma, a fines de la √©poca cl√°sica, se constituir√° un ideal pol√≠tico en torno a la politeia cretense que se basar√° en cuatro pilares fundamentales: la ya mencionada pretendida relaci√≥n entre los sistemas pol√≠ticos de Esparta y Creta; la antig√ľedad de la constituci√≥n pol√≠tica cretense; el papel de Minos como legislador; y, por √ļltimo, la racionalidad de la organizaci√≥n de la polis cretense. Todo ello contribuy√≥ a cimentar el mito de una sociedad cretense, si no tan id√≠lica como la del per√≠odo minoico, por lo menos equilibrada y capaz de convertirse en mod√©lica para organizaciones similares en el continente.

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4. Creta y los cretenses en la historia antigua

Y, sin embargo, a pesar de todo lo que he se√Īalado anteriormente, que podr√≠a hacer pensar que la isla de Creta y sus habitantes ocupar√≠an un lugar privilegiado en el imaginario colectivo del mundo antiguo, lo cierto es que los cretenses son un pueblo que goz√≥ de una p√©sima reputaci√≥n, tal y como lo reflejan la literatura y la historia griegas desde la √©poca cl√°sica, juicio negativo que se extendi√≥ tambi√©n entre los autores del periodo romano. Las razones de este desprecio hay que buscarlas en motivos diversos, que fueron tanto de orden pol√≠tico, como socio-cultural e incluso econ√≥mico. Pero, en general, la historiograf√≠a actual suele considerar que la falta de opiniones positivas sobre los cretenses en la Antig√ľedad tiene que ver, en realidad, con las motivaciones econ√≥micas y la lucha por la supremac√≠a comercial y la supervivencia en esa parte del Mediterr√°neo. Es decir, los cretenses no dejaban de ser un competidor m√°s entre los muchos aspirantes al control de las rutas comerciales y econ√≥micas del Oriente mediterr√°neo, lo que les convert√≠a en un blanco perfecto para todo tipo de cr√≠ticas, m√°s o menos ajustadas a la realidad. Parad√≥jicamente, la insularidad, que era considerada como idealmente superior por la cultura griega, les confer√≠a en la realidad una gran vulnerabilidad en esta lucha, ya que limitaba sus posibilidades de crecimiento demogr√°fico, los condicionaba en su desarrollo y los reduc√≠a a un marco estricto donde su importancia, aunque significativa, no les permit√≠a competir al mismo ritmo que otras potencias en liza.

En realidad, las cuestiones que perjudicaron la imagen de los cretenses en el mundo cl√°sico tienen su origen, b√°sicamente, en el hecho conocido e incontestable de que Teseo es uno de de los principales, si no el mayor, h√©roe de la ciudad de Atenas, impulsor del imperio mar√≠timo ligado a la ciudad y, sobre todo, vencedor del Minotauro, el monstruo del rey Minos, cuya historia m√≠tica recordaba la posibilidad hist√≥rica de la existencia de un tributo y de un per√≠odo de sometimiento de Atenas a Creta (Plutarco, Vida de Teseo). Dado que Teseo es convertido en el h√©roe nacional ateniense en √©poca cl√°sica, enfrentado su mito al del dorio Herakles, sus representaciones y su iconograf√≠a se multiplican en todos los lugares de la ciudad, e incluso fuera de ella, tal y como se ve en las metopas del Tesoro de Atenas de Delfos. Teseo es sobre todo un h√©roe fundador, en primer lugar, de la ciudad como tal, ya que tradicionalmente se le asigna a √©l una papel destacado en la construcci√≥n y el embellecimiento de la ciudad; pero tambi√©n es el iniciador de su imperio econ√≥mico y, por √ļltimo, como responsable del sinecismo que uni√≥ a diferentes n√ļcleos de poblaci√≥n del √Ātica en torno a la ciudad de Atenas es, al mismo tiempo, el impulsor de su constituci√≥n pol√≠tica. Su representatividad se extendi√≥ m√°s all√° de la ciudad, puesto que es considerado por muchos autores como el h√©roe panhel√©nico por excelencia. Por lo tanto, casi, de forma inevitable, podemos afirmar que al encarnar la mayor parte de las virtudes nacionales de Atenas, Teseo ensombreci√≥ necesariamente la imagen de sus enemigos y rivales, en este caso, los cretenses representados por Minos y el Minotauro, a quienes hab√≠a derrotado contribuyendo a cimentar la imagen de la superioridad ateniense, principalmente, sobre las ruinas de la talasocracia cretense. No sin raz√≥n, Plutarco se√Īala lo inc√≥modo que puede ser atraer el odio de una ciudad que ‚Äúsabe hablar‚ÄĚ y que usa todas las artes de su poderosa y prodigiosa habilidad oratoria para establecer su superioridad sobre el resto de sus competidores (Vida de Teseo).

Pero, la ‚Äúleyenda negra‚ÄĚ cretense no se ciment√≥ √ļnicamente sobre el mito del monstruo, exist√≠an tambi√©n factores hist√≥ricos que provocaban el recelo tanto de los atenienses como de otros griegos hacia los isle√Īos y el principal de ellos estaba en la dedicaci√≥n hist√≥rica de los habitantes de Creta a la pirater√≠a. Como consecuencia de ello, los cretenses fueron considerados de manera habitual como mentirosos y traidores. Las razones de la importancia de la pirater√≠a en la isla han merecido todo tipo de explicaciones hist√≥ricas, pero b√°sicamente se reducen a dos, de tipo econ√≥mico, ya que la regi√≥n era pobre y monta√Īosa; y de tipo pol√≠tico. Entre estas √ļltimas destaca una inestabilidad end√©mica que habr√≠a afectado a la isla despu√©s del per√≠odo unificador de Minos. Probablemente, en opini√≥n de diversos historiadores, la falta de un poder centralizado y de una forma coordinada de ejercer el poder y la soberan√≠a, llevaron a que sus habitantes fueran identificados con actividades pir√°ticas muy extendidas por la zona y no exclusivamente practicadas por ellos. Adem√°s, la compartimentaci√≥n del territorio en m√ļltiples poleis, casi 100 seg√ļn las fuentes cl√°sicas, foment√≥ la inestabilidad antes citada. De entre todas estas ciudades destacaban notablemente Cnosos, Gortyna y Cydonia, las cuales manten√≠an una rivalidad permanente que fue desembocando en una guerra civil, la cual termin√≥ convirti√©ndose en end√©mica. Todo ello habr√≠a favorecido, seg√ļn Ormerod, la dedicaci√≥n de los cretenses a la pirater√≠a, de la que tenemos menciones ya desde Homero (Iliada 645-642) y de la que tambi√©n conservamos testimonios epigr√°ficos de √©poca cl√°sica, ya que en algunas inscripciones de Atenas se detallan los cobros de los rescates que Creta ped√≠a para devolver a los cautivos. El problema continu√≥ en √©poca helen√≠stica, ya que igualmente tenemos constancia de que el propio Alejandro Magno lleg√≥ a enviar una misi√≥n para acabar, sin √©xito, con la pirater√≠a cretense. Adem√°s, tambi√©n en estos a√Īos, las diversas potencias en liza en el Mediterr√°neo empezaron a acechar la isla, principalmente Egipto y Macedonia. A ellas, en el siglo III a.C., se les uni√≥ Roma que hab√≠a irrumpido con fuerza en la zona. La suma de la inestabilidad interna, que provocaba continuos enfrentamientos civiles, con la presi√≥n ejercida desde el exterior por todas estas potencias mediterr√°neas en liza impactaron en el fr√°gil equilibrio pol√≠tico y socio-econ√≥mico de la isla que se vio envuelta en nuevas oleadas de la pirater√≠a que afectaba a la zona. En el siglo I a.C., Roma arm√≥ diferentes expediciones con el objetivo de acabar con los piratas y controlar la isla, lo cual finalmente consigui√≥ convirti√©ndola al fin en provincia romana.

Suele considerarse tambi√©n que el hecho de no contar con un poder pol√≠tico fuerte y coordinado, as√≠ como el hecho de vivir en un estado de guerra pr√°cticamente permanente favoreci√≥ que junto a la pirater√≠a, los habitantes de la isla desarrollaran otra actividad que exige tambi√©n cierto entrenamiento b√©lico, como es el mercenariado. Los j√≥venes cretenses se entrenaban en la guerra desde muy temprana edad y, por ello, dispon√≠an tambi√©n del armamento necesario. Debido a esto, no puede resultar sorprendente que desde el siglo IV a.C., los cretenses fueran enrolados sistem√°ticamente como mercenarios, ya que destacaban como excelentes arqueros (Tuc√≠dides 6.25; 6.49; Jenofonte, Anabasis 1.2.9; 3.3.7). Eran tambi√©n famosos por su habilidad en las emboscadas, asaltos y ataques nocturnos. Es por esto que encontramos que los arqueros cretenses sirvieron en la mayor parte de los ej√©rcitos helen√≠sticos, tanto en el Oeste con los cartagineses como en el Este, con los Sele√ļcidas. Jenofonte, adem√°s, describe una de sus m√°s c√©lebres acciones, al derrotar a los persas. Adem√°s, con la llegada de los romanos, pasaron tambi√©n a engrosar las filas de los soldados auxiliares (Tito Livio 38.21). Por todo ello, es posible que al igual que suced√≠a con la pirater√≠a, la pobreza de la zona favoreciera que el mercenariado se considerara como una forma leg√≠tima de ganarse la vida, pero la falta de un ej√©rcito reglado al uso acrecent√≥ su fama de hombres sin honor cuya lealtad pod√≠a venderse al mejor postor.

La combinación de todos estos elementos, la derrota de la talasocracia cretense representada por el mito del Minotauro, la piratería endémica y el recurso al mercenariado contribuyeron a la construcción de una imagen negativa de los cretenses más en la literatura que en la historiografía clásica. Es, sobre todo en el teatro griego en la que aparece con mayor asiduidad la imagen del cretense artero, astuto y malvado, donde los originarios de la isla suelen representar caracteres poco afortunados. Los cretenses fueron especialmente humillados y ultrajados en los espectáculos teatrales representados en Atenas, seguramente, por la ya mencionada competencia con la figura heroica de Teseo. Pero fue sin duda gracias a estas obras que se extendió por el Mediterráneo su fama de deshonestidad y avaricia, su querencia por el dinero.

Los historiadores, por su parte, tambi√©n colaboraron en la adquisici√≥n de esta mala reputaci√≥n a lo largo de sus relatos. Ya en el siglo VI a.C., en la primera obra hist√≥rica de envergadura que conocemos, las Historias de Her√≥doto, el de Halicarnaso les atribuye el hecho de haber propiciado el rapto de mujeres asi√°ticas y les adjudica as√≠ un comportamiento poco ejemplar. Posteriormente, en el siglo II a.C., otro historiador, Polibio (Historias, 6.46), hablando de los cretenses de su √©poca, afirma que les gustaba el oro y que estaban orgullosos de que as√≠ fuera, ya que formaba parte de su identidad como comunidad. En cierta manera el megapolitano quer√≠a explicar que los cretenses no consideraban ninguna forma de ganar dinero como ileg√≠tima y que ello, de alguna manera, les hab√≠a conducido a la corrupci√≥n. En otros pasajes de su obra se reafirma en su juicio sobre las costumbres cretenses (8.18; 23.15; 4.8), aunque alaba su capacidad militar como superior en emboscadas, en la guerra sorpresiva y en los ataques nocturnos, una forma de caracterizarlos negativamente como lo opuesto al soldado ejemplar, que sigue el orden de batalla, las √≥rdenes del general y lucha sin traici√≥n a plena luz del d√≠a. A√Īade tambi√©n que no hay pueblo con costumbres tan corrompidas como las de los cretenses, por lo que sus actuaciones p√ļblicas son tambi√©n injustas.

La historiograf√≠a griega fue la que m√°s insisti√≥ siempre en la falta de honestidad de los cretenses hasta el punto de que el nombre de cretense lleg√≥ a convertirse en sin√≥nimo de mentiroso y, adem√°s, de traidor. Diodoro de Sicilia, en el siglo I d.C. relata a este respecto una an√©cdota que no hace sino abundar en esta idea. En ella se pone en escena la conversaci√≥n en la que un cretense ofrece su ayuda, en realidad su traici√≥n, a Julio C√©sar con estas palabras: ‚ÄúSi con mi ayuda logras vencer a tus enemigos, qu√© obtendr√© yo a cambio? C√©sar le respondi√≥: Te convertir√© en ciudadano de Roma y estar√© en deuda contigo, obtendr√°s mi favor. Al o√≠rle, el cretense estall√≥ en risotadas y le dijo: Un derecho pol√≠tico no significada nada para los cretenses, nosotros no tenemos en cuenta m√°s que la ganancia, nosotros no lanzamos flechas ni trabajamos en la tierra y el mar si no es por el dinero. En cuanto a los derechos pol√≠ticos, d√°dselos a quienes luchan por ellos y a quienes compran esas chucher√≠as al precio de su sangre. El c√≥nsul se ech√≥ a re√≠r a su vez y dijo a aquel hombre: Bien si tenemos √©xito en nuestra empresa, te dar√© 1000 dracmas como recompensa.‚ÄĚ

Como vemos, la an√©cdota repasa expl√≠citamente todos los clich√©s sobre los cretenses acumulados en la historiograf√≠a y literatura griegas desde hac√≠a siglos, la dedicaci√≥n al mercenariado en tanto que destacados arqueros, un oficio adquirido en una tierra monta√Īosa y expuesta a continuas luchas internas; la inestabilidad pol√≠tica provocada por una guerra civil end√©mica que les hace despreciar todo lo relativo a la integraci√≥n y las constituciones, manifestando en su expreso rechazo a un estatuto social considerado privilegiado como es el de la ciudadan√≠a romana; y, por √ļltimo, la avidez de dinero, que se pone de manifiesto como la motivaci√≥n principal de las acciones de los cretenses. El resultado de todo ello no pod√≠a ser m√°s que la construcci√≥n historiogr√°fica y literaria de una representaci√≥n, asociada inevitablemente a la perfidia, esto es a la falta de fides, de la confianza necesaria para considerarlos como un aliado digno o como un pueblo a la altura de quienes negocian con ellos, un pensamiento t√≠pico de la cultura cl√°sica greco-romana. Esta imagen negativa largamente cultivada en el √°mbito hist√≥rico-literario fue recogida pr√°cticamente sin matices, tambi√©n por la literatura cristiana, tal y como lo podemos comprobar en la lectura de la obra de Pablo de Tarso, quien, en su Ep√≠stola a Tito 1.12. se√Īalaba que ‚ÄúUno de cada dos de esta isla se hace un profeta: los cretenses son siempre mentirosos, son malas bestias a las que no les gusta m√°s que comer y no hacer nada‚ÄĚ. De este modo, en virtud de la transmisi√≥n constante de la cultura greco-latina se asegur√≥ que la fama negativa de los cretenses permaneciera inalterada a lo largo de los siglos.

Por todo ello, podemos afirmar que la mirada sobre Creta en la Antig√ľedad no deber√≠a ser un√≠voca, sino plural, y deber√≠a tener en cuenta tanto las informaciones de los textos antiguos como las interpretaciones de los autores contempor√°neos sobre la importancia hist√≥rica de la isla, por un lado, en el devenir del Mediterr√°neo oriental a trav√©s de los siglos y, por otro, en el √°mbito cultural y filos√≥fico del mundo grecorromano.



Bibliografía básica

R. y F. Etienne, La Grecia antigua. Arqueología de un descubrimiento, Madrid; Aguilar S.A. de Ediciones, 1992.

P. Faure, La vida cotidiana en la Creta minoica, Barcelona, 1984.

H. A. Ormerod, Pirater√≠a en la antig√ľedad: Un ensayo sobre historia del Mediterr√°neo

S. Vilatte, L’insularité dans la pensé grecque, Paris, Les Belles Lettres 1991.

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