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"Hatra, la Ciudad del Sol‚ÄĚ
Elena Mu√Īiz Grijalvo - Universidad Pablo de Olavide

***

En el norte de Irak, en la zona conocida como desierto de Jazirah, los cada vez m√°s escasos viajeros se dan de bruces con el pasado remoto: las ruinas de la ciudad de Hatra, que fue derrotada por los reyes sas√°nidas en el a√Īo 240 d.C., evacuada y totalmente abandonada desde entonces.

El panorama que se ofrece a la vista es espectacular: edificios imponentes, bosques de columnas, magn√≠ficas estatuas de personajes tal vez algo estrafalarios para el gusto europeo‚Ķ Al menos, as√≠ era hasta hace pocos meses, cuando el conocido como Estado Isl√°mico inici√≥ la destrucci√≥n de los restos de Hatra, sin que sepamos hasta el momento cu√°l ha sido la magnitud de la cat√°strofe. El v√≠deo que el propio Estado Isl√°mico ha difundido a trav√©s de Internet parece atestiguar la demolici√≥n de algunos elementos decorativos de los edificios m√°s representativos de la ciudad, y hay noticias de que se han efectuado bombardeos en la zona que ocupaba la ciudad. A juzgar por lo que ha sucedido en otros casos cercanos, como Nimrud o Palmira, podr√≠a ser que tambi√©n los edificios hayan sido da√Īados, o que las ruinas de Hatra hayan dejado de existir.

Mucho o poco, lo que se haya perdido con el ataque islamista contra la ciudad fantasma de Hatra har√° sin duda m√°s dif√≠cil (tal vez imposible) que los viajeros ocasionales contemplen el espect√°culo que ofrec√≠an aquellas ruinas, y que lleguen a imaginar qu√© aspecto pod√≠a tener una ciudad mesopot√°mica en los albores de la era cristiana. El drama de las destrucciones del a√Īo 2015 viene a sumarse a las enormes dificultades que han existido desde siempre para hacerse una idea, aunque sea somera, de c√≥mo fue en realidad Hatra. Perdida en el desierto de Irak, un pa√≠s cuya historia reciente ha obstaculizado el avance de la investigaci√≥n, el patrimonio de Hatra ya hab√≠a sufrido destrucciones intencionadas con anterioridad, durante la segunda Guerra del Golfo en 2003.

Pese a este infausto destino, la principal dificultad para adentrarse en la historia de Hatra proviene no solo de las tribulaciones del propio yacimiento, sino del hecho de que sea una de las escas√≠simas ciudades que pueden ser definidas con justicia como “parta”. Escribir la historia de Hatra, donde el tiempo se detuvo en el a√Īo 240 d.C., es tan dif√≠cil como reconstruir la historia del Imperio Parto, esa gran civilizaci√≥n perdida en torno a la cual se ci√Īen a√ļn las barreras levantadas por sus principales enemigos, los romanos, y por los historiadores de todas las √©pocas, incapaces de desprenderse del “romanocentrismo” que contin√ļa predominando en la actualidad.

La oportunidad que me brinda la Fundaci√≥n Koldo Mitxelena para adentrarme en el pasado de Hatra y en la civilizaci√≥n parta es doblemente bienvenida. Por un lado, las dos partes en las que he organizado este trabajo (la historia del Imperio Parto y la historia de la ciudad de Hatra en el contexto parto), nos dar√°n la oportunidad de bucear en una de las civilizaciones perdidas de la Antig√ľedad y de contemplar con detalle los restos de uno de sus ejemplos m√°s brillantes. Por otra parte, espero que de estas p√°ginas se deduzca algo m√°s que un atractivo paseo arqueol√≥gico por un enclave tur√≠stico √ļnico: mi conclusi√≥n ser√° que la futura investigaci√≥n de lo que sobreviva de Hatra ‚Äďesperemos que sea lo m√°s posible- arrojar√° luz sobre uno de esos momentos y lugares que han sido verdaderas encrucijadas entre civilizaciones diferentes, y que nos salvan de caer en simplificaciones perniciosas para el avance de la ciencia.

 

1. El Imperio Parto

Como ya he adelantado, la historia del Imperio Parto está llena de sombras. Hasta las mejores introducciones a la historia de los partos dejan a sus lectores con una cierta insatisfacción. Si tenemos en cuenta que hablamos de casi cinco siglos de historia (247 a.C.-224 d.C.), que el Imperio Parto ocupó una extensión enorme -grosso modo los actuales Irak, Irán, Afganistán y Pakistán-, y que fue el heredero político del gran imperio persa aqueménida y el enemigo principal de los romanos durante tres siglos, cualquiera esperaría más información y, sobre todo, de otro tipo.

No obstante, poco m√°s es lo que podemos esperar saber, al menos hasta que la investigaci√≥n de lugares concretos como Hatra contribuya a despejar la niebla que desde siempre se ha cernido sobre la civilizaci√≥n parta. Para empezar, las fuentes que pueden considerarse como eminentemente “partas” no abundan. La mayor parte de la documentaci√≥n pol√≠tica y administrativa no sobrevivi√≥ al paso del tiempo, porque estaba escrita sobre arcilla o sobre pergamino, para regocijo de sus vecinos chinos, que comentaron que los partos “escriben sus anotaciones horizontalmente en tiras de cuero”. La mayor parte de lo que sabemos de ellos, de hecho, proviene de datos numism√°ticos o arqueol√≥gicos, y estos √ļltimos en esencia proceden solo de aquellas ciudades que enalg√ļn¬† ¬†momento¬† ¬†actuaron¬† ¬†como¬† ¬†capitales¬† ¬†de¬† ¬†los¬† ¬†emperadores¬† ¬†partos:¬† ¬†Dara, Mithradatkert/Nisa, Shar-e-Qumis/Hekatompilos y Ctesifonte.

El mayor obst√°culo, sin embargo, no es tanto la falta de informaci√≥n, como el car√°cter de esa informaci√≥n. Las √ļnicas fuentes literarias que se manejan para la reconstrucci√≥n de la historia de los partos fueron escritas por sus principales enemigos, los romanos. A nadie sorprender√°, pues, que las caracter√≠sticas de las fuentes (en su mayor¬† parte,¬† relacionada¬† con¬† el¬† sostenido¬† enfrentamiento¬† b√©lico¬† entre¬† romanos¬† y partos), y el sesgo ideol√≥gico que llevaban impreso, obliguen a ¬†analizarlas con mucha cautela.

Los autores romanos fueron responsables de la enorme confusi√≥n que a√ļn a d√≠a de hoy reina entre los persas aquem√©nidas, los partos y todos los dem√°s pueblos de distinto origen que poblaron aquel vast√≠simo imperio. Refiri√©ndose a todos ellos como “los persas”, a secas, las fuentes romanas contribuyeron a anular la identidad de un sinf√≠n¬† de¬† culturas¬† diferentes¬† y¬† de¬† realidades¬† pol√≠ticas ¬†que¬† estaban¬† en¬† constante evoluci√≥n. La da√Īina ambig√ľedad sigue presente en algunos de los mejores estudios actuales, como es el caso de la obra de Maria Brosius, que constituye una excelente introducci√≥n a los imperios aquem√©nida, parto y sas√°nida, pero que se titula The Persians, sin m√°s. Sin duda, denominar “persas” a sus enemigos garantizaba un cierto r√©dito pol√≠tico a los romanos, que se presentaban as√≠ como sucesores de los griegos del siglo¬† V¬† a.C.,¬† es¬† decir,¬† como¬† baluartes¬† del¬† mundo¬† civilizado¬† frente¬† al¬† b√°rbaro incivilizado.

En esa misma l√≠nea, peor efecto a√ļn que la anulaci√≥n de la identidad parta surti√≥ sin duda la constante minusvaloraci√≥n del enemigo parto. M√°s que a ninguno de los enemigos de los romanos, a los partos se adjudic√≥ una bater√≠a completa de t√≥picos que los descalificaba desde todos los puntos de vista: de car√°cter servil por estar sometidos a una monarqu√≠a de car√°cter absoluto ¬Ņtan diferente del romano?, desorganizados, cobardes, ineficaces, asustadizos, sucios‚Ķ Las fuentes romanas no ahorraron esfuerzos para ridiculizar a sus peores enemigos, probablemente porque fueron incapaces de incorporarlos a su imperio y porque, a menudo, ellos mismos sufrieron desastrosas derrotas a manos de los partos. A menudo faltando incluso a la verdad, los romanos se atribuyeron victorias inexistentes. En monedas y relieves representaron a los partos de rodillas, humillados, vencidos. La creaci√≥n del prototipo de b√°rbaro oriental proporcionaba vigor al imaginario imperial romano. La extraordinaria obra de Edward Said, ¬†Orientalismo ¬†(1978), ¬†aborda ¬†exactamente ¬†el ¬†mismo ¬†asunto, ¬†enfocando ¬†un momento diferente de su historia: la difusi√≥n del mito del “oriental” en el contexto de los grandes imperios coloniales de la edad contempor√°nea.

De todas formas, cobrar conciencia de las dificultades que presenta la documentaci√≥n sobre los partos, no ha evitado hasta el momento que se perpet√ļen ¬†las distorsiones asociadas a su historia. Desde los a√Īos 60 del siglo XX, gracias a los movimientos postcoloniales, los historiadores son cada vez m√°s conscientes de todo lo que acabo de exponer. Pero resulta demasiado dif√≠cil desprenderse de las lentes cl√°sicas y de los esquemas de interpretaci√≥n propios de realidades mejor conocidas. Por eso, no es raro seguir encontrando historias de los partos que echan en falta una mejor organizaci√≥n provincial de su imperio, por ejemplo, cuando la estructura provincial en la que se est√° pensando era en realidad caracter√≠stica de los romanos y ajena al mundo parto.

Lamentos aparte, cierto es que reconstruir la historia de los partos no es tarea sencilla. Ellos mismos se presentaron a menudo como continuadores de una realidad pol√≠tica que, sin miedo a exagerar, arrancaba al menos del gran imperio asirio, a principios del primer milenio a.C.; si es que no queremos retrotraernos a Hammurabi o, m√°s atr√°s a√ļn, al propio Sarg√≥n de Akad, a fines del tercer milenio a.C. De Sarg√≥n en adelante, toda empresa de car√°cter imperialista en la zona mesopot√°mica y en sus alrededores se autorretrataba como sucesora de la anterior e inclu√≠a en su propaganda una llamativa vocaci√≥n universalista. Pese a que su imperio no fue mucho m√°s all√° del curso de los r√≠os Tigris y √Čufrates, Sarg√≥n ya fue “rey de las cuatro partes del mundo”. Incluso antes de aquello, exist√≠a tambi√©n la idea de que la verdadera monarqu√≠a resid√≠a solo en las manos del gobernante m√°s poderoso del momento, que encarnaba as√≠ una suerte de monarqu√≠a trascendente, querida por los dioses, y que acab√≥ identific√°ndose con la monarqu√≠a babilonia. Por eso, de manera sucesiva, todos los grandes imperios ‚Äďel asirio, el babilonio, el persa aquem√©nida, el macedonio, el parto, el sas√°nida- se presentaban a s√≠ mismos como integrantes de una l√≠nea √ļnica, cuya imaginaria unidad giraba en torno a la conquista de Babilonia y la proclamaci√≥n del conquistador de turno como emperador o “rey de reyes”.

Una manifestaci√≥n de la imaginaria continuidad pol√≠tica de los grandes imperios es lo que puede contemplarse en el impresionante enclave del paso de Behist√ļn, en el occidente de Ir√°n. En el a√Īo 522 a.C., el gobernante aquem√©nida Dar√≠o I utiliz√≥ una de las laderas del desfiladero para dar cuenta de los hechos m√°s gloriosos de su reinado, ordenando que se tallara una espectacular inscripci√≥n, acompa√Īada de una serie de relieves a√ļn m√°s impactantes. Desde entonces, el lugar se convirti√≥ en s√≠mbolo de la ideolog√≠a imperial en el Pr√≥ximo Oriente, y por eso fue el lugar elegido por Mitr√≠dates II para dejar huella de la ceremonia de su investidura como Rey de Reyes. El mismo efecto se buscaba con el recurso a la caza como expresi√≥n favorita de la realeza, siguiendo una estrategia propagand√≠stica utilizada desde tiempo inmemorial por los gobernantes pr√≥ximorientales. El tema est√° presente en muchos testimonios partos, como la impresionante serie de vasos de marfil en forma de cuerno hallada en la ciudad imperial de Mithradatkert/Nisa, que pon√≠a de relieve tambi√©n la importancia concedida al banquete como escenario de la vida cortesana.

La voluntad de los reyes partos de perpetuar su memoria como continuadores de los grandes imperios anteriores enmara√Īa a√ļn m√°s las cosas. Se hace dif√≠cil decidir d√≥nde¬† terminaba¬† el¬† modo¬† de¬† hacer¬† propio¬† de¬† los¬† persas¬† aquem√©nidas,¬† y¬† d√≥nde empezaba el t√≠pico de los partos. Por eso conocemos solo a grandes rasgos la historia de la dinast√≠a ars√°cida, que equivale a la historia del Imperio Parto. El a√Īo 247 a.C., el parto Arsaces se rebel√≥ contra el s√°trapa de la provincia sel√©ucida de Partia y dio comienzo con ello a la historia de Partia como reino independiente y en permanente expansi√≥n. El momento √°lgido del proceso de conquista lleg√≥ con el reinado de Mitr√≠dates I (171-138 a.C.), que logr√≥ hacerse con las tierras de Media y Mesopotamia y ser proclamado emperador en Babilonia.

Las fuentes no permiten escribir una historia política de la monarquía parta, más allá de la información de las monedas y de algunas inscripciones que, en general, aportan muy pocos datos. Sabemos, eso sí, que la historia parta estuvo marcada por una clara  conciencia  de  la  amenaza  que  suponían  sus  poderosos  vecinos:  el  recién inaugurado Imperio de la dinastía Han en China (206 a.C.) al noreste, el reino greco- bactriano, al sureste, y el Imperio Romano al oeste. La monarquía parta hubo de hacer enormes esfuerzos militares y diplomáticos para mantener intacta la extensión de su imperio. Una parte importante de esos esfuerzos se dirigió al establecimiento de una red de reinos vasallos en las márgenes del territorio parto, como la propia ciudad-estado de Hatra.

El delicado tejido diplom√°tico funcion√≥ extraordinariamente bien durante varios siglos. Probablemente la clave de ello estuvo en las ventajas que representaba la estructura para ambas partes. Por una parte, los reyes vasallos obten√≠an el apoyo militar y diplom√°tico del Rey de Reyes; a su vez, la estructura imperial parta se apoyaba en los ej√©rcitos de sus vasallos. De otra manera, habr√≠a sido imposible sostener en el tiempo el extenuante esfuerzo militar que supon√≠a hacer frente a romanos, hunos, bactrios‚Ķ por citar solo a los enemigos m√°s conocidos. Por otra parte, no menos interesantes eran las ventajas econ√≥micas que se derivaban de la unidad pol√≠tica promovida por el poder de los ars√°cidas. Desde el siglo I a.C., las alianzas comerciales entre Partia y China facilitaron que se establecieran rutas comerciales de largo alcance, las famosas Rutas de la Seda, que aprovechaban los antiguos caminos reales persas para unir China con el Mediterr√°neo. Por aquellos caminos circularon los productos de lujo m√°s demandados a uno¬†¬† y¬†¬† otro¬†¬† lado¬†¬† de¬†¬† las¬†¬† rutas.¬†¬† Largu√≠simas¬†¬† caravanas¬†¬† de¬†¬† camellos¬†¬† bactrianos transportaban en sus alforjas seda, perlas, especias, perfumes provenientes de China, caballos de las estepas orientales (persas y partos), d√°tiles y granadas (conocidos como “frutas partas”), por solo citar los productos m√°s llamativos. El lucrativo comercio que se estableci√≥ en torno a la Ruta de la Seda beneficiaba a todos: chinos y partos, y tambi√©n a todos sus vasallos, que sin duda ve√≠an con buenos ojos la existencia de un poder imperial que garantizase la seguridad de aquellas rutas.

En consecuencia, el imperio parto fue sorprendentemente estable, si tenemos en cuenta¬†¬† las¬†¬† frecuentes¬†¬† usurpaciones¬†¬† que¬†¬† agitaron¬†¬† la¬†¬† casa¬†¬† real¬†¬† “ars√°cida”¬†¬† y¬†¬† el extraordinario poder que segu√≠a en manos de las grandes familias aristocr√°ticas, de las que proced√≠an los usurpadores. Los partos se apoyaban en un ej√©rcito muy potente, financiado en buena medida por aquellas familias nobles y caracterizado por su caballer√≠a pesada, los famosos catafractarios, jinetes y monturas armados de la cabeza a los pies, que resultaban casi inexpugnables; y la caballer√≠a ligera, cuya endemoniada habilidad para girarse sobre la silla en marcha y disparar al enemigo cuando parec√≠a que estaban huyendo, se convirti√≥ en legendaria.

La eficiencia militar que resultaba de aquella pol√≠tica de alianzas externas e internas garantiz√≥ una cierta tranquilidad a los monarcas partos y les dio la victoria en muchas ocasiones frente a sus principales enemigos, los romanos. De hecho, la parte mejor conocida de la historia parta lo es precisamente por el abierto enfrentamiento entre romanos y partos a partir del siglo I a.C. En torno al reino de Armenia, que actuaba como estado tap√≥n entre Roma y Partia, se desencadenaron las hostilidades en repetidas ocasiones. Fue aquel el escenario de la sonada derrota de Craso, colega de Pompeyo y C√©sar en el triunvirato, en la batalla de Carras el a√Īo 53 a.C., que termin√≥ con la muerte del triunviro y la p√©rdida de m√°s de 30.000 soldados romanos, muertos en el campo de batalla o hechos prisioneros, junto con los estandartes de las legiones romanas. La humillaci√≥n de aquella derrota qued√≥ impresa a fuego en la memoria del pueblo romano. Tanto fue as√≠, que cuando poco despu√©s Augusto decidi√≥ poner fin a su pol√≠tica expansiva en Oriente con la firma de un tratado que reconoc√≠a como frontera el r√≠o √Čufrates (20 a.C.), una de las cl√°usulas del tratado inclu√≠a la devoluci√≥n de las √°guilas arrebatadas a las legiones de Craso (y no solo de Craso: tambi√©n a las de L√ļculo antes y a las de Marco Antonio despu√©s). Para albergar los estandartes devueltos y para celebrar lo que Augusto vendi√≥ como una victoria romana, se construy√≥ el templo de Marte Vengador en el foro de Augusto en Roma.

La restituci√≥n de las √°guilas, no obstante, no puso punto final a las contiendas entre romanos y partos. Los partos aparecen de nuevo de manera conspicua en la historiograf√≠a romana con ocasi√≥n de las nuevas guerras emprendidas por los emperadores¬† Trajano¬† (114-117¬† d.C.),¬† Lucio¬† Vero¬† (161-165¬† d.C.),¬† Septimio¬† Severo (195-199 d.C.) y Caracalla y Macrino (216-218 d.C.). Aquellas guerras se libraron con desigual fortuna, aunque en general los √©xitos romanos fueron ef√≠meros y los territorios partos conquistados se abandonaron poco despu√©s de las victorias. Pese a todo, la propaganda romana continu√≥ fiel a la costumbre de presentar las campa√Īas orientales como grandes √©xitos. Incluso en el caso de derrotas flagrantes, como la que sufrieron Caracalla y Macrino, que les oblig√≥ a pagar una cuantiosa indemnizaci√≥n, se acu√Īaron monedas con la leyenda VIC(TORIA) PART(HICA).

Como vemos, inasequibles al desaliento, los romanos compusieron una imagen del Imperio Parto que poco ten√≠a que ver con la realidad. De hecho, el final de la dinast√≠a ars√°cida no vino de manos romanas, sino de la revuelta de un rey oriental, Ardashir, que venci√≥ al Rey de Reyes Artabano IV en el a√Īo 224 d.C. y dio comienzo con ello a la dinast√≠a sas√°nida. Terminaba as√≠ el dominio de los ars√°cidas, que hab√≠a durado m√°s de cuatro siglos y hab√≠a imprimido un car√°cter particular a aquella parte del mundo.

No ser√≠a justo dejarse llevar por las fuentes, cuyos defectos ya hemos analizado, y despachar a los partos como simples sucesores de los persas aquem√©nidas, sin personalidad propia. La civilizaci√≥n parta se define por una serie de rasgos, algunos de los cuales ya han sido destacados ‚Äďlas h√°biles alianzas pol√≠ticas y comerciales que garantizaron su estabilidad, la buscada continuidad con sus predecesores, su forma de hacer la guerra-, y otros m√°s que son especialmente visibles, como explicar√© a continuaci√≥n, en la ciudad de Hatra. En las tierras del Imperio Parto se mezclaron elementos culturales romanos, griegos, sel√©ucidas, sirios, persas, partos y de toda la multitud de pueblos que compusieron el mosaico imperial. Resultado de aquella mezcla fue la aparici√≥n de rasgos culturales h√≠bridos y √ļnicos de aquel momento, que analizaremos con detalle gracias a los ejemplos que han aparecido en Hatra: novedades arquitect√≥nicas, maneras de representar a la aristocracia, y otros elementos que, si las destrucciones recientes no lo impiden, podr√≠an ser claves para rescatar a la civilizaci√≥n parta de una segunda muerte.

 

2. Hatra, la ciudad del Sol

El a√Īo 240 d.C. el reino de Hatra, vasallo hasta pocos a√Īos antes del Rey de Reyes ars√°cida, fue atacado y su ciudad destruida por el nuevo poder sas√°nida. La poblaci√≥n fue deportada en masa, la ciudad qued√≥ desierta y muchas de sus construcciones se mantuvieron pr√°cticamente intactas hasta el siglo XXI. El extraordinario¬† estado¬† de¬† conservaci√≥n¬† de¬† sus¬† ruinas¬† motiv√≥¬† que¬† la¬† ciudad¬† fuera declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el a√Īo 1985. Algo parecido a lo que pueden ver nuestros ojos, fue lo que contempl√≥ el militar e historiador romano Amiano Marcelino cuando, a la vuelta de la campa√Īa contra los sas√°nidas a mitad del siglo IV, pas√≥ por aquel lugar y coment√≥ que all√≠ hab√≠a “una antigua ciudad situada en una zona no habitada, que est√° desierta desde mucho tiempo atr√°s”.

Hasta donde sabemos, Hatra adquiri√≥ proporciones de ciudad solo en el siglo I a.C. Antes de eso, existe un vac√≠o arqueol√≥gico que impide vislumbrar su historia m√°s antigua. Probablemente la ciudad comenzara a poblarse en √©poca aquem√©nida, pero en √©poca sel√©ucida hay un par√©ntesis en la documentaci√≥n. A todos los efectos, lo que sabemos de Hatra se inscribe de principio a fin en el per√≠odo de predominio parto en la zona, a partir del siglo I a.C. Por ello, Hatra ha sido descrita como la √ļnica ciudad eminentemente “parta” que se conoce -con todas las salvedades que deben hacerse al utilizar el calificativo “parto”-, junto con Mithradatkert/Nisa.

Como suele ocurrir con la historia del Pr√≥ximo Oriente, Hatra no fue objeto de investigaci√≥n hist√≥rica hasta fechas relativamente recientes. Las primeras obras publicadas sobre la ciudad datan de principios del siglo XX (1908 y 1912), y son el resultado del trabajo de campo del arque√≥logo alem√°n Walter Andrae, que a la saz√≥n estaba investigando la cercana ciudad de Asur. Tras la independencia de Irak en 1951, el gobierno iraqu√≠ ha promovido hasta el d√≠a de hoy la investigaci√≥n arqueol√≥gica en Hatra. De hecho, la monograf√≠a m√°s completa que existe hasta la fecha es obra de los dos arque√≥logos iraqu√≠es que estuvieron a cargo de la misi√≥n iraqu√≠ entre los a√Īos 50 y 70, Fuad Safar y Muhammad Ali Mustafa: Hatra, la ciudad del Dios del Sol (1974). Adem√°s del equipo iraqu√≠, m√°s recientemente se han destacado en la zona una misi√≥n arqueol√≥gica italiana y otra polaca, que est√°n llevando a cabo interesantes avances en las partes menos conocidas de la ciudad; y est√° tambi√©n en curso (aunque tocado de muerte) un fascinante proyecto sobre el patrimonio escult√≥rico de la ciudad, a cargo de la investigadora holandesa Lucinda Dirven.

Lo cierto es que las ruinas de Hatra merecen atenci√≥n particular. A sus impresionantes edificios se suman m√°s de 500 inscripciones, la mayor parte de ellas en arameo, y unas 300 esculturas y relieves, que constituyen material m√°s que suficiente para ensayar una aproximaci√≥n a la historia del Imperio Parto en general, y de la ciudad de Hatra en particular. Llaman la atenci√≥n, en particular, algunas estatuas de personajes vestidos “a la parta”, algunos de ellos mujeres, con vestiduras complicadas y joyas suntuosas, que muestran adem√°s una frontalidad que se identifica tambi√©n como rasgo estil√≠stico propio de los partos (aunque su aparici√≥n, curiosamente, coincida con el contacto con Roma).

L√°stima que la abundancia de restos arqueol√≥gicos no se vea acompa√Īada por un elenco de fuentes literarias de igual alcance. Como en el caso de los partos, las √ļnicas menciones de Hatra en la literatura aparecen en obras grecorromanas, y tienen que ver casi sin excepci√≥n con las hostilidades entre el Imperio Parto y Roma. M√°s en concreto, la ciudad se hizo famosa por haber resistido con √©xito el asedio del ej√©rcito romano bajo el mando del mism√≠simo Trajano en el a√Īo 117 y de Septimio Severo en dos ocasiones (193 y 197), as√≠ como un primer ataque de los sas√°nidas en el a√Īo 230.

Las caracter√≠sticas de la ciudad, con una espectacular muralla doble, y de la zona, en medio de un desierto que dificultaba el abastecimiento de los ej√©rcitos que emprend√≠an el asedio, explican en parte que Hatra resultara inexpugnable. Como recordaba Casio Dion “la ciudad no era grande ni pr√≥spera, sus alrededores eran des√©rticos y no ten√≠a apenas agua, la poca que ten√≠a era de mala calidad, y carec√≠a de madera y de forraje” (68.21.3). El texto, que disculpaba a Trajano de su fracaso en la conquista de la ciudad, probablemente se ajustaba en parte a la realidad; pero, al mismo tiempo, dejaba con la impresi√≥n de que Hatra era un pueblucho sin importancia, y eso no se ajusta a la realidad. Si as√≠ hubiera sido ¬Ņpor qu√© tomarse la molestia de asediarla, en el caso de Septimio Severo hasta en dos ocasiones? Hatra era un enclave importante para romanos y partos, como despu√©s lo fue para los sas√°nidas, que se apresuraron a destruirla y a dejarla desierta. Pero los estudiosos modernos no se ponen de acuerdo sobre qu√© era lo que la hac√≠a importante. La memoria de la ca√≠da de Hatra perdur√≥ a veces en forma de leyendas como la de la princesa Nadira, la hija del rey Sanatruq II, enamorada del rey sas√°nida, que entreg√≥ la ciudad a sus sitiadores1.

Un primer vistazo a las páginas turísticas y a las breves introducciones que se encuentran en la red llevaría a concluir que Hatra, al igual que Palmira, Edessa o Dura- Europos,  fue  una  gran  ciudad  caravanera,  que  se benefició  como  las  demás  de  la intensificación del comercio a través de la Ruta de la Seda. Algo parecido podría deducirse de la aparición del camello en diferentes relieves de la ciudad, situándolo como animal vinculado a la divinidad y a todas luces importante para los habitantes de Hatra. No obstante, recientemente se ha hecho notar que la ciudad se encuentra situada a más de una jornada de marcha de las principales rutas, de manera que el carácter caravanero no puede ser lo que explique su importancia.

En cambio, en las ruinas de Hatra destaca una zona sagrada de enorme importancia, la mayor parte consagrada como veremos al dios sol Shamash. De hecho, la palabra “hatra”, en arameo, quiere decir “recinto”, y en las monedas la ciudad se denominaba “Recinto de Shamash” (de ah√≠ el t√≠tulo de esta conferencia y la denominaci√≥n po√©tica que a menudo se da a Hatra: la ciudad del Sol). En cierto modo, la ciudad deb√≠a tener un car√°cter ceremonial, como se deduce tambi√©n de una serie de inscripciones en las que el propio dios promulgaba leyes contra todo aquel que osara robar dentro del recinto ciudadano, y contra la compraventa de material de construcci√≥n del templo, as√≠ como prohibiendo la salida de las bailarinas sagradas del recinto ciudadano, todo ello bajo pena de sufrir “la muerte del Dios”. Parece evidente que se reconoc√≠a a Shamash (conocido en Hatra tambi√©n como Maren) la capacidad de regular importantes aspectos de la vida ciudadana. Si a ello unimos la inexistencia de edificios civiles de tipo palacial, la destacad√≠sima presencia y centralidad del templo conocido como Esagil (como el famoso templo de Marduk en Babilonia), y la abundancia de edificios sagrados dedicados a Shamash/Maren, a su esposa Marten y a su hijo Bar- Maren, y a otro nutrido grupo de dioses, no es de extra√Īar que se haya concluido que la importancia de Hatra era similar a la de la Meca preisl√°mica: es decir, una ciudad

organizada en torno a la existencia de ciertos cultos muy populares en la zona, y que por este motivo debía de recibir un significativo flujo de visitantes. La misma impresión transmite Casio Dion: en Hatra se hacían muchas ofrendas al sol y la ciudad estaba bajo su protección (76.12.1).

Como suele ocurrir, probablemente no es una sola causa la que explica el auge de Hatra en el siglo II d.C. Junto a la importancia de su vida religiosa y al atractivo de sus templos, lo m√°s probable es que la posici√≥n de Hatra fuera clave para romanos y partos. El asalto de √©poca de Trajano as√≠ lo confirma. No puede ser casualidad que la actividad¬† constructiva¬† se¬† intensificara¬† de¬† manera¬† espectacular¬† precisamente¬† en¬† el per√≠odo de tiempo comprendido entre el fallido intento de Trajano en el a√Īo 117, y el √ļltimo tercio del siglo II. En esos escasos cincuenta a√Īos, la ciudad pas√≥ de no tener la m√°s m√≠nima importancia urban√≠stica, a ser la sede del dios Sol, albergado en impresionantes edificios que a√ļn a d√≠a de hoy dejan sin aliento. Y en ello hubo de pesar poderosamente la ubicaci√≥n de Hatra. De hecho, su posici√≥n estrat√©gica se acentu√≥ a√ļn m√°s cuando, despu√©s de la campa√Īa p√°rtica de Lucio Vero y la p√©rdida de Osroene, la ciudad del Sol pas√≥ a ser el basti√≥n m√°s occidental del Imperio Parto. Las relaciones con los se√Īores de Hatra, por tanto, pasaron a ser a√ļn m√°s cruciales para el Rey de Reyes, que no dud√≥ en reconocerlo as√≠ y en proclamar “reyes” a los gobernantes de Hatra, que hasta entonces se hab√≠an conocido sencillamente como “se√Īores”.

Las escasas fuentes literarias y la informaci√≥n que contienen las inscripciones no permiten esbozar una historia pol√≠tica de la ciudad, m√°s all√° de lo que acabamos de exponer. Se conoce una lista bastante completa de gobernantes de Hatra, entre los que destaca en particular un cierto “Se√Īor Nasru”, en torno a la d√©cada del 140 d.C. La mayor parte de los datos sustanciosos tienen que ver con la vida de la ciudad en el per√≠odo comprendido entre el a√Īo 117 y el a√Īo 150, que es de cuando datan la mayor parte de sus edificios. Por eso, hasta la fecha la historia de Hatra consiste sobre todo en una descripci√≥n de los cultos que se dieron en la ciudad y del v√≠nculo entre sus elites y dichos cultos. En lo que sigue, propongo un paseo por la ciudad de Hatra para adentrarnos todo lo posible en aquella historia.

Comencemos por un plano de la ciudad, en el que est√°n rese√Īados los restos arqueol√≥gicos¬† conocidos¬† hasta¬† ahora.¬† Entre¬† todos¬† estos¬† restos¬† destaca¬† un¬† enorme espacio abierto en forma de cuadril√°tero de unos 440m x 320m, dividido en dos grandes patios, uno a todas luces mayor que el otro. En el m√°s peque√Īo de los dos es donde est√°n situados los edificios m√°s representativos hallados hasta la fecha. La mayor parte de¬† ¬†estos¬† ¬†edificios¬† ¬†se¬† ¬†conocen¬† ¬†como¬† ¬†iwanes¬† ¬†porque¬† ¬†incluyen¬† ¬†una¬† ¬†estructura arquitect√≥nica, el iwan, que es una de las novedades del per√≠odo parto. Un iwan es una habitaci√≥n rematada por una media c√ļpula o, como en este caso, por una b√≥veda de ca√Ī√≥n,¬† cerrada¬† en¬† tres¬† de¬† sus¬† lados¬† y¬† abierta¬† por¬† el¬† cuarto¬† hacia¬† el¬† exterior, habitualmente¬† hacia¬† un¬† patio. ¬†Tanto¬† los¬† sas√°nidas¬† como¬† la¬† arquitectura¬† isl√°mica posterior hicieron uso frecuente del iwan. Impresionan en Hatra las alt√≠simas b√≥vedas, que llegan a alcanzar los 30 metros de altura. Aunque la b√≥veda de ca√Ī√≥n no era una innovaci√≥n t√©cnica de esta √©poca ‚Äďera conocida al menos desde el segundo milenio a.C.-, nunca antes se hab√≠a construido a tal escala.

En general, resulta imposible determinar la adscripci√≥n exacta de cada uno de los edificios que compon√≠an aquel enorme espacio sagrado. Como en tantos otros lugares, lo m√°s probable es que en Hatra se diera culto a varias divinidades en cada templo. El √ļnico criterio de identificaci√≥n ‚Äďlas inscripciones- no son suficientes siquiera para conocer a la divinidad tutelar de cada templo, si es que exist√≠a tal cosa. Eso s√≠, las divinidades que con m√°s claridad destacan y a las que estaban dedicados con seguridad varios de aquellos edificios sagrados, eran los integrantes de la tr√≠ada m√°s popular de Hatra: Maren, Marten y Bar-Maren, o lo que es lo mismo, “Nuestro Se√Īor”, “Nuestra Se√Īora” y “el hijo de Nuestro Se√Īor y Nuestra Se√Īora”. Hay un numeroso grupo de inscripciones en las que los protagonistas, por uno u otro motivo, son estos tres dioses, cuyo origen probablemente fuera babil√≥nico.

Pegado a lo que se conoce como “Iwan Sur” hay un templo de estructura muy diferente a todas las dem√°s, cuadrado y carente de iwans, que recuerda poderosamente a los templos grecorromanos. Tradicionalmente se ha denominado a esta estructura “templo de Shamash”, aunque los indicios de que estuviera dedicado al culto a esta divinidad son algo tenues: hay un peque√Īo altar con una inscripci√≥n que lo menciona, y la puerta que comunica el Iwan Sur con este templo est√° coronada por una cabeza coronada de rayos. Ocurre en este caso como en tantos otros en Hatra: cada espacio sagrado re√ļne inscripciones y objetos de culto consagrados a diferentes divinidades, y es dif√≠cil decidir qu√© divinidad era predominante, si es que la hab√≠a. Un buen ejemplo de lo que digo se encuentra precisamente en el Iwan Sur, donde se dan cita inscripciones en honor de la tr√≠ada, de Allat, de los estandartes sagrados y de Nergal.

Incluso aunque acept√°semos la nomenclatura al uso y la idea de que aquel templo inusual estaba dedicado a Shamash, resta a√ļn por resolver el problema de qui√©n era realmente este Shamash, y qu√© relaci√≥n exist√≠a entre Shamash y el que parece dios supremo de Hatra, Maren. Se ha propuesto a menudo que se trataba del mismo dios, una divinidad solar poderosa en aquella parte del mundo. Pero no existe acuerdo sobre su origen: unos piensan que se trataba de la divinidad solar tradicional entre los √°rabes, es decir, de los habitantes de la zona en torno a Hatra; otros prefieren creer que el origen de Shamash era mesopot√°mico. Ni siquiera existe acuerdo sobre el sexo del dios, porque la divinidad solar entre los √°rabes era femenina, pero el Shamash de Palmira, por ejemplo, es con toda claridad una divinidad masculina.

La cuesti√≥n del origen de los dioses vuelve a ser interesante en el edificio B, considerado un templo dedicado a la diosa Allat. Diosa de los n√≥madas por excelencia, Allat fue honrada con la construcci√≥n de este templo en el siglo II por orden del rey Senatruq¬† y¬† de¬† su¬† hijo,¬† el¬† famoso¬† Abdsamya¬† que¬† rechaz√≥¬† los¬† ataques¬† de¬† Septimio Severo. En conexi√≥n con Allat aparece a menudo el camello, que abunda entre los relieves de Hatra. Se ha pensado que la presencia del camello pudiera explicarse por el origen √°rabe de Allat, pero probablemente esta explicaci√≥n depender√≠a demasiado de posteriores reinterpretaciones isl√°micas. No es necesario que la diosa fuese plenamente √°rabe para explicar las inscripciones safa√≠ticas de su templo, erigidas probablemente por poblaciones n√≥madas de su entorno para conmemorar la erecci√≥n del templo por parte de la casa real, tal como se narra en los relieves. Tampoco hay acuerdo sobre el edificio D: aunque parece que pudo estar dedicado al dios Shahiru, no es posible confirmar si se trata del dios del amanecer, como era entre los semitas orientales, o del dios luna, porque en sir√≠aco Shahra significa “luna”.

En cuanto a la parte de Hatra que queda fuera del gran espacio sagrado que acabamos de recorrer, es muy poco lo que se conoce. En lo que probablemente fueran los barrios residenciales de la ciudad se han hallado hasta el momento catorce templos de menor entidad que los grandes iwanes del temenos principal. Ocurre con estos templos m√°s peque√Īos algo parecido a lo que sucede en los mayores: m√°s all√° de algunas inscripciones y de ciertas estatuas interesantes que vamos a ver a continuaci√≥n, no hay indicios que permitan identificar la adscripci√≥n exacta de cada templo, y es probable que en todos se diera culto a varios dioses a la vez.

Entre todas las representaciones divinas que han sido descubiertas en Hatra, la que m√°s destaca es una figura masculina en distintas versiones, todas ellas identificables con H√©rcules o con su paralelo mesopot√°mico, el dios de los infiernos Nergal. Con su piel de le√≥n y con su maza, Heracles aparece en pr√°cticamente todos los espacios sagrados de Hatra. La posibilidad de que el grecorromano Heracles y el mesopot√°mico Nergal ¬†fueran ¬†dos ¬†caras ¬†de ¬†una ¬†misma ¬†moneda ¬†para ¬†los ¬†hatrenses ¬†no ¬†puede ¬†ni descartarse, ni confirmarse. En los dinteles de entrada de al menos dos templos “menores” (VIII y X) han aparecido inscripciones que parecen adscribirlos a Nergal, y en ambos encontramos tambi√©n a Heracles en posici√≥n destacada entre el conjunto de dioses que, de todas maneras, puebla tambi√©n los dos templos. Pero Heracles aparece en muchos¬† otros¬† lugares.¬† No¬† es¬† posible¬† determinar¬† con¬† precisi√≥n¬† la¬† importancia¬† de Heracles, aunque queda claro que era una divinidad muy popular.

Y es que, como en otros lugares del Pr√≥ximo Oriente, en especial en torno a estas fechas, Hatra estaba densamente poblada de divinidades poderosas, de ese tipo de dioses que algunos estudiosos gustan de considerar precedentes de los grandes dioses de los monote√≠smos. Contra cualquier tentaci√≥n evolucionista, no obstante, vacunan sobradamente las realidades religiosas de ciudades como Hatra o Palmira. Encontrar a todo un Baal-Shamin, por ejemplo, que podr√≠a traducirse algo as√≠ como “Se√Īor del Cielo”, un dios de origen cananeo, en una posici√≥n subordinada a la de la tr√≠ada o a la de Allat, y en general contemplar c√≥mo convivieron dioses todopoderosos de diferentes or√≠genes, deber√≠a conducirnos a evitar aproximaciones simplistas.

En ocasiones, adem√°s, es imposible determinar siquiera a qu√© gran divinidad se estaban dirigiendo los fieles, cu√°l era su procedencia, cu√°les sus paralelos y, en consecuencia, qu√© lugar exacto ocupaba en la jerarqu√≠a religiosa de Hatra, si es que alguna vez existi√≥ tal cosa. Un √ļltimo ejemplo puede contribuir a aclarar la cuesti√≥n. En uno de los templos menores, conocido como templo V, ha aparecido una figura masculina decapitada en piedra de color verdoso, con una representaci√≥n del Sol sobre el pecho, una gorgona en su espalda, y acompa√Īado de dos √°guilas. A la figura le quedan restos de una barba que parece de tipo asirio. En el mismo templo ha aparecido un relieve con tres figuras femeninas sobre un le√≥n; la figura central llevaba casco, escudo y lanza, y porta tambi√©n una gorgona sobre el pecho. Pues bien, adem√°s de estas dos esculturas, tres inscripciones halladas en el mismo templo hacen referencia a una divinidad a la que se denomina srbl. Hasta el momento, no existe acuerdo entre los estudiosos sobre la identidad del dios/diosa srbl: unos piensan que se trataba del Asur- Bel asimilable a Shamash y por tanto al Sol, y que era el se√Īor de la barba; otros prefieren una vocalizaci√≥n distinta, Isarbel, que habr√≠a que identificar como la diosa que pisaba al le√≥n.

En definitiva, el mundo religioso que se intuye tras los abundantes restos conservados en Hatra, que sin duda era bastante similar por su carácter de encrucijada entre culturas al de muchos otros lugares del Próximo Oriente en estas fechas, era extraordinariamente vivo. Se daban cita en la ciudad divinidades de procedencias diversas, que encajaban en cada lugar al que llegaban con valencias distintas. Sobre todo, las diferentes interpretaciones de que fueron objeto todos aquellos dioses por parte de sus fieles construyeron un panorama religioso efervescente, muy alejado de cualquier clasificación al uso entre los estudiosos del Mediterráneo grecorromano. Este mundo mestizo y apasionante fue el ambiente en que se fraguaron al menos dos de las tradiciones  religiosas  que  más  repercusión  han  tenido  hasta  el  día  de  hoy,  el cristianismo y el Islam, que bebieron en las mismas fuentes. Solo recientemente los estudios intertextuales y el mejor conocimiento de entornos como el de Hatra,  permiten encarar el estudio de temas de tanta trascendencia como los fundamentos de los monoteísmos con rigor. Ojalá que el futuro depare oportunidades de consolidar lo que ahora tímidamente comienza, y que todos estos lugares no sufran una segunda muerte.

1¬† No me resisto a contar el final de la historia: en la noche de bodas, la delicada piel de Nadira se irrit√≥ al contacto con una hoja de mirto. Ante el asombro de su esposo, Nadira explic√≥ que su piel era tan delicada porque su padre le hab√≠a administrado constantes cuidados desde la ni√Īez. La explicaci√≥n no gust√≥ nada al enamorado rey sas√°nida, que orden√≥ que ajusticiaran a su esposa. Se dice que esta leyenda pudo ser una de ¬†las ¬†fuentes ¬†de ¬†inspiraci√≥n ¬†para ¬†el¬† famoso ¬†cuento ¬†“La ¬†princesa ¬†y¬† el¬† guisante”, ¬†de ¬†Hans ¬†Christian Andersen. ¬†¬† 



Bibliografía

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M. Brosius, The Persians, Londres-Nueva York, 2006

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